Formentera es la cuarta isla del archipiélago Balear
en cuanto a extensión, 82 Km², formando junto
con su vecina Ibiza las Islas Pitiusas. Está situada
entre los paralelos 38.º 40' y 38.º 49' latitud
Norte y los Meridianos 1.º 17' y 1.º 28' al
Este de Greenwich. Se halla separada de la isla de Ibiza
por un canal de unos 3,6 Km. La distancia entre los puertos
de Ibiza y Formentera es de 11 millas náuticas.
Su forma es alargada de Este a Oeste prolongándose
en este extremos por el Cap de Barbaria hacia el Sur y
las puntas de Sa Pedrera y Borronar al Norte.
Morfológicamente, aparece constituida por dos formaciones
muy diferenciadas: al Este la Meseta de La Mola (192 m.
de altura) que da lugar a una costa acantilada, y la llanura
del Oeste, sobre la que se alza Puig Guillem (106 m.).
Estos dos núcleos están unidos por un brazo
de tierra de 3 Km de longitud que forma la platja de Mitjorn.
Geológicamente está constituida por dos
plataformas miocénicas de forma tabular elevadas
sobre el mar, La Mola al SE y el Cap de Barbaria-Pla del
Rei al SW, unidas por una estrecha franja de 1,5 km de
ancho y 5 km de longitud, con una zona deprimida al Norte
en la que se encuentran las dos lagunas o "estanys",
S'Estany des Peix y S'Estany Pudent. El origen geológico
de la isla está unido al de todas las Baleares,
y en particular al de Ibiza. Su historia geológica
es breve y simple, encontrándose únicamente
sustratos geológicos pertenecientes al Mioceno
y al Cuaternario. Los materiales miocénicos están
limitados a las zonas más elevadas como los acantilados
de La Mola, Cap de Barbaria, Punta Prima y Punta Pedrera.
El resto de la isla lo forman sedimentos y aluviones depositados
durante el cuaternario.
Los suelos de Formentera son, en general, de baja productividad,
poco profundos y muy pedregosos, con costra calcárea
en ocasiones aflorante y con un alto porcentaje de arena
en la mayoría de las zonas. Una de los graves problemas
de Formentera, respecto de sus suelos, es el de la fuerte
erosión hídrica. Las escasas lluvias pueden
llegar a ser extremas, erosionando el suelo con una perdida
de sustrato muy importante. Son estos procesos erosivos
los que ponen al descubierto la costra calcárea,
subyacente en gran parte de la isla, incrementando aún
más las dificultades para la agricultura.
Formentera sigue conservando íntegro todo su carácter.
El turismo que la escoge lo hace precisamente a causa
de su belleza y tranquilidad, lo cual contribuye todavía
más a preservar sus encantos. Esto explica porqué
la industria turística de la isla no suele tener
momentos de crisis. Cuando se plantearon algunos grandes
proyectos, el rechazo por parte de la comunidad formenterense
fue unánime. Formentera lucha por encontrar y mantener
ese equilibrio entre modernidad y tradición.